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Friederun von Miriam-Stockmann era una joven estudiante de de arte que se convertiría años más tarde en la más famosa criadora de la historia de la raza boxer, de la cual sin ninguna duda forma parte.  En este artículo encontaremos un fragmento extraido de su libro Ein leben mit boxern, "Mi vida con boxers". Obra en la que relata su historia de sacrificio determinación para producir ejemplares de la raza que solo existian en su imaginación. En este artículo, que apareció en el boxer Blätter de agosto de 1951, Friederun Stockmann nos describe como se inicia en este maravilloso mundo del boxer, pues tan pronto lo vi me propuse tener uno.
Habitualmente, mis padres eran muy generosos para satisfacer mis deseos. Pero no pude convencerlos de que yo necesitaba un perro. Fue entonces cuando comencé a desear que llegase el momento de iniciar mis estudios superiores. Sabía que en 1909 iba a ir a Munich a estudiar escultura con el profesor Baerman. La independencia que yo preveía tenía para mí un significado especial. Mientras otras jovencitas soñaban con bailes y salidas de teatro, yo solamente pensaba en la hermosa Munich que ansiaba ver y en mi imaginación recorría sus hermosas avenidas en compañía de un buen amigo, no uno de dos piernas, sino uno de cuatro patas, un boxer. En Munich conocí a mi esposo, mientras asistía a clases nocturnas de dibujo. Durante algún tiempo no le presté atención ni a él ni a los otros jóvenes. Pero un día él me contó cómo su perro había tirado una lámpara mientras se abalanzaba para recibirlo. Esto despertó de pronto mi interés. ¿Qué clase de perro era?, le pregunté. "¡Oh, dijo mi futuro esposo, es como un tigre con una cabeza grande y un gran hocico negro!". Un boxer pensé. Y desde entonces aumentó mi interés por el señor dueño–del–boxer. Pronto fui conociéndolo mejor, y por supuesto, también a Pluto, su perro. Por un lado, Pluto era el boxer de mejores modales que yo hubiese visto, pero por otro lado había adquirido algunos hábitos indeseables en los momentos en que a mi esposo le era necesario dejarlo con otras personas. Se había convertido en un perro conflictivo, por ejemplo, había matado un chivo de considerable tamaño y en otra ocasión había roto el espinazo a un perro mucho más grande que él. Después de seis meses de haber conocido a Herr Stockmann fui dueña de Pluto, el primer boxer de mi vida. Aunque sus malos hábitos me causaban muchos problemas y tristeza, por mucho tiempo fue para mí el más querido y hermoso de los perros. El ser su dueña despertó en mí el deseo de saber más acerca de su raza. De Herr Albert Schmoeger obtuve alguna literatura sobre boxer, un folleto y números de boxer Blätter, que contenían los informes de los jueces. Los estudié ansiosamente y comparé mi Pluto con los campeones allí fotografiados y descriptos. ¡Que desencanto! Primero advertí el cuello mediocre de Pluto, luego noté sus rodillas faltas de angulación y –aunque no lo noté al principio– me di cuenta más tarde que su dorso era demasiado largo. Como si esto fuera poco, yo no tenía el pedigrí de Pluto. Sin embargo, no perdí las esperanzas. Quedaba la esperanza de que los hijos de Pluto fueran de mejor calidad. Tal vez fue osado de mi parte preguntar a Herr Schmoeger si Pluto podía ser registrado y usado para cría. Para gran deleite mío, dijo que "sí" y se las ingenió para encontrarme una hembra de seis meses. Y así –aun sin haber pensado seriamente en comprar una hembra– Laska pasó a ser de mi propiedad apenas ocho días más tarde. Una vez completada la transacción, comencé a preocuparme por la manera de darles la noticia a mis padres, quienes sin saberlo estaban financiando los perros junto con mis gastos de estudios. Además, mis días de estudiante se estaban acercando a su fin y tenía que decidir qué iba a hacer en el futuro. Sin embargo, cuando la escuela terminó, no tuve otra alternativa. Tomé a mis perros y comencé el largo viaje a Luebeck en el Norte de Alemania. Desde allí fuimos en bote a Riga, Latvia, y todo el camino lo hice con la esperanza de que mis padres pagaran los gastos extras provocados por viajar con animales. Todo fue bien; los dos perros conquistaron inmediatamente el afecto de mis padres. A mi padre le gustaba en especial Laska. Dicho sea de paso, le había mostrado a Laska a Herr Schmoeger, justo antes de dejar Munich. Le gustó mucho, tanto que pensaba que era una pena aparearla con un ejemplar tan pobre morfologicamente como Pluto. Mientras tanto, me había asociado al boxer Club y convertido en una ávida lectora de boxer que terminó el campeonato norteamericano. Sus compañeros de camada tuvieron también alguna importancia en la raza, aunque Herr Schomeger tuvo su acostumbrada mala suerte. Eligió un macho y una hembra, ambos leonados. La hembra (después de Dampf la mejor de la camada) se la dio a uno de nuestros viejos amigos, Josef Widman. Al macho, con el cual se quedó, lo llamó Debes (el mejor), pero Debes resultó ser el perro más deficiente de la camada. Poco a poco, adquirí varias hembras más; algunas de ellas buenas, otras bastante viejas. Al mirar hoy mis libros del criadero, no puedo menos que sonreír ante mi ignorancia. La mejor de las perras que tuve durante ese período fue Sigerin Urschi von Hiltensberg, atigrada, realmente linda, de tres años de edad, que ganó cuarenta primeros premios. Tuve tres camadas de ella, pero solo una buena hembra, Morna von Dom, que fue llamada por mucho tiempo "el orgullo de Leipzig". No estaba muy satisfecha con mis resultados en la cría de perros. Tenía varias hembras, pero sentía que no eran buenas. Para mejorar esta situación estaba por adquirir una hembra muy típica y de constitución fuerte, que había visto en una exposición de Ulm, cuando se empezó a sentir que se acercaban malos tiempos. Nos enteramos del asesinato del archiduque Francisco Ferdinando en Sarajevo, la primera Guerra Mundial había comenzado. Me di cuenta de que no podría alimentar a todos mis perros, por lo cual comencé a vender a la mayoría de ellos. Mi esposo fue enrolado y puesto a cargo de una unidad de perros de guerra. El gobierno había hecho un llamamiento para la provisión de perros; el boxer negro se extinguió. El fin de la guerra trajo un gran cambio a mi vida. Vendí mi gran casa y se compré la granja "Reichschmitt". A partir de ese momento tuve muchas pérdidas y decepciones. Rolf, que había ganado su último título de campeón a los once años de edad, murió de repente. Mis otros perros sufrían toda clase de enfermedades de la piel y apenas podía conseguir alimentos y medicinas. Una preciosa camada de Rassel con Ch. Alexander von Deutenkofen, murió cuando tenía cuatro meses. La mudanza a la granja resultó ser una catástrofe. No había suficientes perreras ni material para construirlos. Carecíamos de comida y otras necesidades en un momento en que cada día el dinero perdía más su valor. Sin embargo, no hay mal que por bien no venga. Se desató una enfermedad entre el ganado que hizo que la carne no fuera comestible para los seres humanos. Compré carne en gran cantidad y se la di a mis perros. Estos comieron y comieron. Este incidente providencial salvó la última camada de Rassel, en la cual estaba Zwibel von Dom, una perra grande, bien proporcionada, de color dorado. De Zwibel salieron todos los perros von Dom que iban a darle al criadero su popularidad y reputación. En diez años tuvo diez camadas. Sin embargo, era una asesina, rasgo éste que heredó probablemente, junto con el tamaño y el color, de su abuela Bella von der Erftal. Mató a dos de mis mejores hembras, una de ellas era Belinde Hassia, madre del gran Sigurd von Dom. El hijo más importante de Zwibel fue Iwein von Dom, por Ch. Buko von Biederstein. Buko era bisnieto de Rolf Volgelsberg, y Zwibel, nieta de de Rolf. Todo el mundo consideraba a Iwein como un perro extremadamente hermoso, pero no podía ser exhibido debido a su temperamento agresivo. Su mejor hijo fue Sigurd von Dom. Pronto Sigurd influyó sobre toda la raza. Obtuve a Lustig del cruce de Zorn von Dom, hijo de Sigurd, y Esta von der Würm, hija también de Sigurd. De otro apareamiento de Zorn y Esta nació Utz. Aunque Zorn hizo mucho por la raza, su hijo Lustig lo sobrepasó en calidad. Sería una historia demasiado larga si tratara de contar todos los detalles de mis tribulaciones o dijera los nombres de todos mis perros que ganaron los mayores honores. Pero puedo en cambio decir lo siguiente: el éxito logrado no fue para nada fácil. |